viernes, 27 de junio de 2014

Crítica: Días de frontera

En febrero pasado, finalmente llegó a las estanterías la más reciente novela de Vicenç Pagès Jordá “Días de Frontera”, y el furor que esto provocó no es para menos. No sólo tiene la garantía de un autor multi premiado y reiteradamente elogiado por la crítica, sino que llega con el sello de calidad y respaldo del Premio Sant Jordi 2013, siendo, probablemente la novela en lengua catalana más esperada para este 2014.

Esta novela está ambientada precisamente en Cataluña y muestra un recorrido muy interesante entre diferentes parte de esta regios, lo que resulta en un ambiente muy familiar y cómodo para los catalanes y sus conocedores; y en uno casi aspiracional y muy atractivo para los que no lo somos.

Puede decirse que la novela se trata de relaciones humanas. Padre e hijos, hijos y padres, parejas, amigos y cuanta otra relación sea posible. Lo cual obliga al autor a ubicar muy bien, desde sus orígenes, cómo es la vida del personaje principal: Teresa. Y lo hace bastante bien.

Pagès consigue darte una idea bastante clara de cómo son sus personajes, de por qué hacen lo que hace y de la manera en que lo hace, consiguiendo que el lector se sienta en todo momento identificado con alguno de los personajes, incluso si no es con Teresa o hasta con más de uno. Esto, se le puede atribuir a la manera en que el narrador desarrolla la historia, teniendo el punto justo de intromisión en el desarrollo de la historia, tomando partido cuando hay que hacerlo, y dejar de tomarlo cuando así se requiere. Justo de la manera en que un  lector reaccionaría.

Esta empatía dirigida por el narrador y corporizada por el lector, hace que la finalidad de la novela se materialice, consiguiendo no sólo que se conozca una historia desde el punto de vista de una sola persona, sino que se consideren diferentes puntos de vista sobre la misma acción e incluso que una sola persona tenga que pasar por acciones opuestas ante situaciones similares, una muy buena reflexión sobre la naturaleza humana, que siempre está cambiante y aunque uno no quiera, el tiempo pasa y las cosas evolucionan.

En materia de redacción y facilidad de lectura, desde el punto de vista que una persona no catalana, me parece que es un libro sencillo y bastante fácil de leer. Los capítulos son cortos y maneja un lenguaje bastante comprensible. También, tiene muchos elementos de la vida cotidiana que no son muy utilizados en la literatura moderna, como es el caso de la inclusión en la historia de nuevas tecnologías como las redes sociales.


En conclusión, este libro es bastante recomendable para cualquier tipo de público, porque igual lo disfrutaría un hijo como un padre o un abuelo. Es bastante llevadero, entretenido y su nivel de profundidad es determinado por el lector, ya sea que éste sólo busque lectura ligera o que se quiera dar el tiempo de leer entre líneas y reflexionar sobre las diferentes situaciones presentadas. Al final, cada quién –y de forma individual- decide hasta dónde caminar bajo el Sol por la carretera.


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